lunes, 2 de febrero de 2009

Los dos "padres" de la Teoría de la Evolución



Los británicos y medio mundo científico se aprestan a celebrar el próximo 12 de febrero el día de Darwin para celebrar el 200º aniversario de su nacimiento; dentro de unos meses, el 24 de noviembre se cumplirán también 150 años de la publicación (y venta completa) de la primera edición del "Origen de las Especies". Sin embargo hay una celebración que se pasó de puntillas el pasado año, concretamente el día 1 de julio de 2008 hacía 150 años que en la Sociedad Linneana de Londres se presentaban, junto a otros trabajos, tres manuscritos, dos de ellos firmados por Charles Darwin y el otro por Alfred Rusell Wallace cuyo conjunto fue nombrado como "Sobre la tendencia de las especies a formar variedades; y sobre la perpetuación de las variedades y las especies por medio de la selección natural". A pesar de que los trabajos suponían una verdadera revolución en la concepción del cambio de las especies, no se suscitó en aquel momento polémica alguna, ¿de qué hablaban los documentos?.

Darwin había recorrido el mundo a bordo del buque HMS Beagle entre 1831 y 1836 recopilando información sobre los seres vivos en Suramérica y Oceanía. De todas sus observaciones el naturalista obtuvo tres ideas fundamentales:
  • En un medio con recursos alimenticios limitados los individuos luchan por sobrevivir.
  • De esta lucha salen victoriosos los que poseen mejores caracaterísticas, las cuales son heredadas probablemente.
  • Si esta selección natural es duradera en el tiempo puede provocar en las poblaciones cambios y dar lugar a nuevas especies.

Darwin plasmó sus conclusiones en un trabajo, que no publicó, en 1844. Se han barajado algunas explicaciones para la no publicación de sus ideas, como el miedo para informar al mundo sobre sus conclusiones o el amor a su esposa, Emma, que era muy religiosa. Algunos autores proponen que él creía que no estaban aún maduras sus ideas y además había de publicar mucha más información recogida en su viaje.


Mientras tanto otro inglés, Alfred Russell Wallace, 14 años más joven que Darwin, de formación autodidacta y de familia humilde, al contrario que el anterior, había pasado desde 1848 hasta 1852 de viaje por la Amazonia, junto con el naturalista Henry Bates. En 1854 viajó al sudeste asiático estudiando y recolectando especímeres que enviaba a Londres para su venta. De su estancia en esta zona del Mundo obtuvo los conocimientos que le convirtieron en el padre de la Biogeografía. Sus observaciones ponían de manifiesto como cada especie habitaba en un determinado lugar, llegando a veces a darse el caso de que a veces la especie habitaba una orilla de un río y no en la otra, lo cual no dejaba de intrigarle. Dada la enorme variedad de especímenes recolectados en sus viajes, de cada especie elegía muchos, Wallace pudo observar como dentro de cada especie había variaciones, tanto anatómicas como fisiológicas. Asimismo estudiando la supervivencia de los individuos llegó a la conclusión de que sólo sobrevivían los que tenían mejores características para vivir en su medio ambiente.

En marzo de 1858 Wallace escribió un artículo, titulado "Sobre la tendencia de las variedades de apartarse indefinidamente del tipo original”, en el que exponía sus ideas de la transformación de las especies mediante una selección natural, y se lo envió desde el archipiélago malayo a Darwin para su revisión y posterior publicación por parte del prestigioso geólogo Charles Lyell.

Esta carta supuso una enorme sorpresa para Darwin, quien veía plasmadas en la carta que le llegaba desde el otro lado del Mundo conclusiones muy parecidas a las suyas, que sin embargo, y aún habiendo llegado esas mismas ideas años antes no las había publicado. Sus amigos, Lyell y el botánico Joseph D. Hooker, informados de este hecho decidieron presentar la carta de Wallace a la Sociedad Linneana junto con un resumen del trabajo de Darwin de 1844 y una carta a un amigo norteamericano suyo de 1857 donde exponía sus ideas. Esta presentación no contaba con el permiso de Wallace aunque posteriormente se sentiría muy halagado por la misma. Al año siguiente, Darwin publicaría su libro. Wallace fue un gran defensor del mismo y un reputado darvinista.

El final de Wallace no fue tan épico como el de Darwin, enterrado con honores en la Abadía de Westminster, puesto que al volver a Inglaterra no administró sus bienes debidamente, Darwin hubo incluso de ayudarle y buscarle una pensión especial, y aparte de dedicó a otros quehaceres menos relacionados con la Ciencia, entre ellos al espiritismo.
Por todo lo expuesto, y aunque las teorías de ambos presentan algunas diferencias, es justo el recordar a Wallace como codescubridor de la Teoría de la Evolución



0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada